Argentina 1–Brasil 0: Otra victoria de la izquierda

–Mamá, ¿qué significa teoría?
–No sé, nene. En teoría yo debería saberlo, pero no.

Filósofos, políticos, amas de casa, expertos en mercadotecnia, críticos y amantes se han roto la cabeza durante siglos y siglos intentando achicar esa distancia entre la teoría y la práctica. Las diversas izquierdas, sobre todo, se han desesperado tanto por la dificultad de pasar de la teoría a la práctica. La práctica tiene buena prensa; de la teoría muchos desconfían. Pero si la teoría sin práctica no sirve, la práctica no existe sin una buena teoría. Hoy, en un estadio austral, la Argentina mostró su nueva teoría. Aunque la práctica, por momentos, se escurriera.

Jorge Sampaoli es el nuevo técnico de la selección de la Asociación del Fútbol Argentino, una gruta de burócratas con tanto apetito de poder que no les queda lugar para ninguna otra comida. En los últimos ocho años, cambiaron cinco entrenadores, cada uno con ideas futbolísticas diversas o confusas.

Los dirigentes del fútbol argentino nunca dirigieron al fútbol argentino hacia una forma de jugar al fútbol, y el fútbol argentino lo notó: con la ventaja del mejor del mundo no ganó ni una copa. Ahora, en un alarde de coraje, eligieron a un técnico que querría jugar un juego que respete la tradición criolla. Hoy empezaba su carrera.

Y lo hacía contra Brasil, el enemigo de siempre, la mejor selección según la FIFA –desde que nombraron a un técnico, Tite, que recuperó sus tradiciones—. El partido les importaba más a los argentinos que a los brasileños, y la diferencia se veía en un detalle: con el mismo cansancio, Neymar le pidió vacaciones a su técnico; Messi fue a apoyar el debut del suyo. Y eso que tiene dos casamientos previstos para los próximos días: uno con la madre de sus hijos, Antonella Roccuzzo, la prima de un compañero del colegio cuando tenía diez años; otro con su club de siempre, el Barcelona, adonde llegó cuando ya tenía 13 y con el que va a firmar un contrato que lo llevará, seguramente, hasta el fin de su carrera. El mejor es, decididamente, un animal de costumbres.

Continue reading the main storyFoto

Izquieda: El director técnico de Argentina, Jorge Sampaoli, durante el partido amistoso contra Brasil en el Melbourne Cricket Ground, de Melbourne, Australia CreditJason Reed/Reuters..

Pero su costumbre de ganar choca contra la Argentina y se desespera. Dicen que él influyó en la llegada de Sampaoli; es posible que el equipo que plantó le guste. “Es solo una cuestión de actitud”, decía un rock argentino, y la actitud estaba clara: tres defensores, dos carrileros, dos centrocampistas más atrás, dos más adelante –Messi y Dybala, por fin juntos– y un nueve. Una selección que, en teoría, ya no jugaría, como hasta ahora, a esperar, a aguantar al contrario; este era un equipo diseñado para imponerse, para marcar el ritmo. Al principio lo marcó: salió a toda máquina y sus jugadores se buscaban, cuidaban la pelota, intentaban armar juego en todos los espacios, presionaban cuando la perdían. Brasil lucía sorprendido.

Pero los argentinos no conseguían transformar la teoría en buena práctica, y cuando sus rivales vieron que se empecinaban en cumplir órdenes y sacar todas las pelotas jugadas desde atrás, los marcaron muy arriba y se las complicaron. Así, a los 20 minutos, los verdeamarelos ya habían tenido dos oportunidades muy claras de gol: en la segunda, Coutinho se creyó que era brasileño, se regodeó y se perdió un gol hecho ante el cruce de Otamendi.

La Argentina no llegaba. Se veía extraña, tan volcada a la izquierda. La diferencia de peso entre Gómez, carrilero por derecha, y Di María, por izquierda, era una de las razones; la otra, que la izquierda es la meta natural de los pases largos de Messi cuando deriva y arma. Todo el juego iba por allí, y terminaba arrinconado. Había momentos: encuentros entre Messi y Dybala, las subidas de Banega, los intentos de Di María. Había materia para cierta esperanza.

Pero el gol argentino fue de otro modelo: al final del primer tiempo, a la salida de un tiro de esquina, Di Maria echó un centro desde su costado, un defensor –Otamendi– cabeceó al poste y otro defensor –Mercado– la remachó con el arco vacío. El grito, esta vez, había llegado desde la izquierda.

 

Las selecciones de Argentina y Brasil durante el partido amistoso en el Melbourne Cricket Ground, de Melbourne, Australia CreditJason Reed/Reuters

En el entretiempo, otra vez, pasó algo: Tite les habrá recordado que no era carnaval y sus muchachos salieron distintos, embalados. Fernandinho empujaba, Renato Augusto se acercaba, Coutinho la mostraba y la escondía; los celestes no conseguían contenerlos. Dybala y Messi estaban perdidos en acción, Di María se aburría en su área, Correa –que había entrado por Higuaín– no se encontraba, Banega y Biglia no daban abasto, arreciaban las patadas que le daban al amistoso su lugar. Sampaoli metió a Tagliafico por Gómez y armó una línea de cuatro defensores; Brasil siguió atacando. En el minuto 61, Jesús y Willian se lo perdieron dos veces en la misma jugada –un poste, el rebote, el otro poste–. Parecía ese día inolvidable del Mundial de Italia 1990 cuando Argentina eliminó con aquel gol de Caniggia a un Brasil tan superior en el partido más injusto de la historia.

 

Pero aquí en el amistoso de Australia nadie se jugaba tanto y primó el turismo: los dos técnicos quisieron darle un ratito de jolgorio a casi todos sus invitados y los cambios y más cambios desarmaron el partido. Brasil debería haberlo empatado; la Argentina, de vuelta en su tradición menos fatua, lo ganó sufriendo, y Tite perdió su invicto. En el estadio australiano, 100.000 personas se fueron con la sensación de no haber visto lo que venían a ver.

Quizá se equivocaron: vieron, esta tarde o mediodía o madrugada, el principio de algo que puede ser el fin de tanta pena. O, dicho de otro modo, una teoría alentadora a la que le falta, todavía, muchas prácticas. Jorge Valdano, siempre tan campante, lo llamaría fútbol de izquierda: el que trata de ser bonito, juguetón, ganador. No es más que un principio, pero es un buen principio.

Quizás te interese

Ernesto Valverde: “Es una experiencia única entrenar al mejor del mundo”

Cristiano Ronaldo dice que disfruta viendo jugar a Messi

El equipo Cuba que juega en la Liga Independiente Canadiense-Americana (Can-Am) perdió por...

Después de mucho nadar, el equipo Cuba murió en la orilla de New Jersey.

La selección alemana derrotó tres goles por uno a Camerún en el último partido del grupo y...

Existe una idea generalizada de que los niños son más propensos a leer si se trata de un dispositivo...

Cuba anuncia su equipo de béisbol para Liga Can-Am

El gobierno de Trump busca volver a restringir viajes y transacciones con Cuba